Autor: Jorge Alejandro Gallardo Runin
Seudónimo: Thango
Año: 2015 – Segundo Lugar
Sobre el marco de metal frío de la solitaria ventana, la mujer cansada se apoya para mirar hacia afuera, y un opaco paisaje de árboles ordenados y delantales blancos la recibe, en su cara se nota la amargura, pero se mantiene serena y firme, avanza entonces hacia la cama para tomarle la mano al muchacho, y dice con todo el amor que lleva dentro: ¿dónde estás hijo mío?
La carretera hierve, calcinándose lentamente bajo el despiadado sol de enero, y en el horizonte se desdibujan lagunas de agua inexistentes, fantasmagóricos espejismos que se deleitan atormentando a los sofocados choferes que transitan habitualmente por esas latitudes, pero ahora la silueta de un coche que aparece súbitamente, rompe ese espejismo en mil pedazos.
De un color rojo metálico, este vehículo, avanza velozmente va dominando la carretera, por la que pocos autos transitan, es la hora de la siesta, y eso en el norte chico aun es ley en ciertas partes, a pesar de la modernidad, y la vida acelerada que trata de dominar en algunas ciudades de los alrededores.
La mano al volante, una canción de rock clásico sonando en la radio del auto, y el viento entrando por la ventanilla abierta desordenándole el pelo, al joven conductor. Gastón es su nombre, quien disfruta esta sensación de libertad a concho, cada uno de estos momentos, los aprovecha al máximo, y los prolonga todo lo que puede, antes de volver a los estudios, la familia y trabajos part time, que le financian, el tiempo de poder agarrar su auto, y perderse en alguna carretera.
Es casi una necesidad vital, es el aire que respira, siempre ha sido así, y solo basta que pasen un par de días más de lo habitual para darse cuenta que si no sale adonde sea se siente ahogado, irritable, y si no fuera porque el se controla, se le cambiaria hasta el genio. Definitivamente Gastón necesita esa libertad para inyectarle oxigeno renovado a su vida
Va disfrutando de la música y del viaje, lo único que le molesta un poco, es un pequeño ruido que de tanto en tanto se deja escuchar y que Gastón no logra averiguar de dónde proviene, fuera de eso el día es excelente. Estaba el muchacho inmerso en esos pensamientos, cuando a un costado del camino divisa unos metros más adelante a un anciano que caminando lentamente, pareciera ser parte del seco paisaje, tiene el pelo blanco, que se le asoma por debajo del gastado sombrero de color negro, haciendo juego con la chaqueta, que luce bien a pesar de los años, y lleva un bastón, sencillo de madera laqueada, fiel compañero del paso cansino de este hombre, Gastón comienza a bajar la velocidad a medida que se va acercando al anciano y cuando ya lo tiene al lado le dice:
Oiga Señor, ¿para dónde va?
El anciano lo mira, y le sonríe serenamente, mientras que le señala con la punta del bastón hacia adelante, y con una voz profunda le dice
-Voy hasta el kilómetro veintiuno, debo llegar pronto
-Suba entonces, lo llevo- le responde el muchacho
El anciano asiente con la cabeza, y sube al auto, Gastón disimuladamente repara en los movimientos agiles del hombre a pesar de los años que representa.
-Gracias por el aventón muchacho, el calor empezaba a recalentarme los sesos,
Ya lo creo, no es buena idea caminar a esta hora, el sol esta picando como condenado, iba a agregar otro comentario cuando nuevamente el molesto sonido lo interrumpe.
Bip,bip,bip.
Ese maldito ruido me va a volver loco- exclamó Gastón
¿Ruido?, ¿Qué ruido?, yo no escucho nada, le responde el anciano, y agrega vamos tómatelo con calma muchacho, el calor y la velocidad te pueden jugar malas pasadas, no hay por qué correr, de todos modos, vamos a llegar al kilómetro veintiuno
El joven no entendió el comentario del anciano, pero casi sin darse cuenta, involuntariamente levanto levemente el pie del acelerador
Así fueron entablando una amena conversación, que a medida que el coche avanzaba por la carretera, sin darse cuenta el muchacho le fue relatando su vida al anciano, que le escuchaba atentamente y que solo de tanto en tanto hacia las preguntas necesarias para que Gastón se explayara más aun en ciertos temas, su infancia, la muerte de su padre en un accidente, su apego con su madre y una enfermedad que se le diagnostico a temprana edad, y a la que tuvo que acostumbrarse porque sería la compañera odiada que le ha seguido hasta ahora.
Una vida interesante muchacho, le sonrió nuevamente el anciano, has vivido más cosas en tu corta existencia, que mucha gente en toda su vida
Si, pero no todo ha sido bueno, agregó Gastón suspirando casi cansadamente
A veces muchacho de las cosas malas se sacan las mejores lecciones que la vida nos puede regalar.
Puede ser, aunque no estoy seguro si esas lecciones vienen de arriba o de abajo contesta el muchacho haciendo gestos con la mano.
Tu cielo o tu infierno, eso lo defines tú Gastón, siempre es así
Gastón iba a agregar algo cuando le vino nuevamente el ruido
¡Diablos!, es este sonido otra vez, es como si estuviera dentro de mi cabeza, y mirando al anciano quien a entrecerrado los ojos le dice, ¿cómo puede ser posible que no escuche este molesto bip?
El bip del monitor conectado a Gastón, llenaba con su monótono sonido, la pálida habitación del hospital.
La mujer de rubios cabellos, y ojos cansados, alzó la mirada hacia el hombre de delantal blanco y preguntó
– ¿Doctor, mi hijo…?,pero un sollozo ahogado, que ya no pudo retener más le impidió seguir hablando, dejando inconclusa la pregunta. A pesar de los años y el sufrimiento, la piel clara de la mujer, aun conservaba su belleza de antaño, ella entonces dirigió la mirada al joven que estaba en la cama, y que, si no fuera por las mangueras conectadas a su brazo izquierdo, parecería que estuviera plácidamente durmiendo.
El doctor mira a la mujer y sin necesidad de que ella vuelva a preguntar el respondió
-Ya es solo cuestión de tiempo, Helena, sabíamos que tarde o temprano esto pasaría
¡No quiero dejarlo ir!, ¡primero mi marido, y ahora el, no es justo!, y dirigiendo la mirada hacia el doctor le dice- ¡Llámame egoísta, si quieres, por alargarle esta agonía, pero es mi hijo!
Y con la mirada le implora al doctor, agregando en otro sollozo ahogado ¡Podemos hacer algo mas, yo…
La robusta mano del doctor se posa sobre el hombro de la mujer, y mirándola fijamente le dice:
Helena, ya hiciste todo, tu hijo tuvo la mejor vida que este tipo de tumores permite tener, lo mantuviste vivo, feliz, lleno de cuidados y de tu amor Helena, ¿me entiendes lo que te digo?, ella simplemente le toma la mano al muchacho y se la besa.
Gastón siente un suave calor en su mano, es una sensación agradable, pero no le hace mayor caso, y señalando con un movimiento de su cabeza le dice al anciano estamos llegando, señor, ¡mire! un poco más allá se ve el caserío, ¿en dónde quiere que lo deje exactamente’?
Hum déjame ver, aquí mismo, si aquí es,
¿Aquí? Pero aquí no hay nada,
La mirada del anciano se torna seria cuando le dice:
No importa Gastón, tú déjame justo aquí, en el kilometro veintiuno
¿Oiga como sabe mi nombre?, yo nunca se lo dije
Gastón detiene el auto entonces, y el anciano sin decir palabra se baja, entonces cuando va a cerrar la puerta, le sonríe con complicidad de viejos amigos y le dice:
Ya estamos aquí, en el kilometro veintiuno, hemos llegado, yo te estaba trayendo a ti Gastón
¿Veintiuno?, yo tengo esa edad
¡Exacto! -respondió el anciano, por eso estamos aquí en este punto, hasta aquí has llegado en tu camino, ahora la pregunta es, ¿Qué vas a decidir Gastón?
¿Yo?,- pregunta asombrado el muchacho-yo solo venia tranquilamente en mi auto.
Entonces recién se da cuenta que no hay auto, solo están ellos dos en medio de la nada, y la pregunta no se hace esperar ¿Qué es todo esto?
Tu estas en coma Gastón, tu cuerpo físico está en una cama de hospital.
Entonces estoy muriendo, ¿eso me quiere decir?
Yo solo estoy aquí para mostrarte y guiarte, la decisión, de hacia dónde te dirigirás es tuya
Pero…Entonces usted. es… La frase queda inconclusa, pues Gastón aún no consigue asimilar lo que estaba descubriendo, y tras un momento solo consigue decir: vaya, ni siquiera se le parece, digo a la huesuda, usted me entiende. El anciano, entonces lo miró con una expresión divertida en el rostro, y no pudo contener su fuerte carcajada que retumbó en el ahora solitario paraje, y solo una vez que consiguió parar de reír le contestó en tono sarcástico
Si algún monje moribundo en los albores del tiempo, intoxicado quien sabe por qué porquería que estaba fumando, me dibujó así, es problema de el, yo no me voy a cocinar de calor poniéndome la ridícula capa negra y cargando a cuestas esa horripilante guadaña, yo prefiero mi bastón que es más elegante, ambos se miraron, uno, dos, tres segundos, y soltaron al unisonó las carcajadas.
Solo una vez que pudieron dejar de reír, y recobraron el aliento, el semblante del anciano se tornó serio, y su voz volvió a ser profunda, entonces habló como quien dicta una sentencia, diciendo
Tú, Gastón, seguirás tu camino, no porque yo lo decida, no porque tu lo merezcas, no por las lágrimas, ni los ruegos de tu madre, simplemente aun no es tu tiempo para transitar por esta otra carretera, eso es todo, ahora vete, te esperan, ya es tiempo de despertar
El seco sonido del bip, continúa llenando el silencio, de la pálida habitación, pero ahora con normal intensidad, y desde el otro lado de la habitación, parados allí al costado de la cama, el doctor junto a Helena, no dan crédito a lo que ven, Gastón, contra todo pronóstico a abierto los ojos.