Autor: Francisco Javier Parra Núñez
Seudónimo: Núñez
Año: 2008 – Mención Honrosa
Cada microbús es un país distinto.
Cada “máquina” es su territorio soberano.
Cada chofer es un dictador más o menos severo, o un presidente de una república democrática. Y cada vez que el chofer no grita y no reclama, estamos en democracia y a ese chofer los pasajeros le gritan y le reclaman. Y cada vez que el chofer grita y reclama, nadie le grita ni le reclama y la dictadura tiene nombre y apellido tras el volante. Y él es la ley y la justicia, y cada pasajero es la masa acallada por la fuerza.
Cada inspector que corta boletos es un ministro del interior más o menos corrupto y cada ayudante del chofer es la central de inteligencia del gobierno de facto, el ejecutor de las órdenes, el que se ensucia las manos.
Cada pequeño letrero que prohíbe fumar o que indica cómo echar abajo una ventana en casos de emergencia o que indica la capacidad del bus, es el poder legislativo lejano e invisible que dicta las leyes que cumplimos e incumplimos.
Cada asiento reservado para minusválidos, embarazadas o adultos de la tercera edad, es un privilegio o un subsidio estatal o una institución benéfica en desuso.
Cada asaltante es la delincuencia.
Cada vendedor de helados en verano o de gomitas de eucaliptos en invierno, es la actividad comercial.
Cada cantante ciego y desafinado es el arte y la cultura. Cada estudiante es un opositor. Siempre es y será un opositor. Y será un apátrida cuando un microbús no le pare. Y se irá al exilio cada vez que lo echen abajo.
Cada microbús es un país distinto.
Y cada signo “Pare” o “Ceda el paso”, o cada semáforo, son el derecho internacional público o una organización internacional. Cada atochamiento es la caída bursátil de la economía mundial.
Cada carabinero o es la justicia en tiempos demócratas o es un mediador internacional en tiempos de guerra.
Cada minuto es un día.
Cada microbús es una historia, una microhistoria diaria de cuarenta y cinco minutos de ida y treinta de vuelta, dependiendo del dictador, de las manifestaciones del pueblo, del territorio soberano o, simplemente, del comportamiento de la economía internacional. Y si cada minuto es un día, en poco menos de mediodía el gobernante de mi país abdicó de improviso, dejó el cargo vacante y la oposición y la central de inteligencia trataron de gobernar. Y nadie pudo hacerlo y solo territorio desierto quedó de esa patria ausente.