FRANCIS EL AUTOBUS ESCOLAR

Autor: Mónica Del Carmen Vargas Uribe
Seudónimo: COTE
Año: 2013 – Mención Honrosa

Nuestro amiguito inicia su viaje a través del océano Pacífico. Desde su país de origen Japón hacia Sudamérica le dijeron sus compañeros.

Día tras día solo oía olas y una que otra gaviota cuyo graznido se filtraba por las gruesas paredes de fierro del barco que sería su hogar los próximos seis meses.

Una mañana de enero, el ambiente estaba extrañamente enrarecido, se escuchaban ruidos y voces de personas que él no había escuchado antes, necesitaba saber lo que pasaba, ¿si le pregunto a ese pequeño furgoncito blanco que a su lado se veía tan feliz? Era mucho tiempo de aburrimiento y silencio entre vehículos pequeños y un poco presumidos que habían sido sus compañeros de un largo y tedioso viaje.

Por fin se decidió y le pregunto, furgoncito, furgoncito ¿Qué está pasando allá afuera? El pequeño furgón un poco sorprendido que al fin el vehículo más grande de todos ellos le hablara, le contesto muy alegre. Llegamos al Puerto de San Antonio según escuché, y ¿dónde está eso? Quería saber nuestro amigo, en Chile le contesto el furgón que a su vez aprovechó de hablar con él lo más que pudo. Dicen que es un hermoso país de Sudamérica que tiene mucho mar y grandes montañas, la gente es linda y cariñosa, con interminables carreteras que cruzan el país de cordillera a mar en unas cuantas horas porque no es muy ancho. Creo que seremos felices aquí porque los chilenos son muy trabajadores y a eso vengo yo a Chile, a trabajar y a hacer grandes amigos, tengo muchos familiares que antes que nosotros han llegado aquí y están muy contentos. Y tú amigo ¿Qué vas a hacer en Chile? Supongo que llevare mucha gente a su trabajo o de paseo porque soy un pequeño autobús, ¿pequeño? Le dijo el furgón, yo te veo bastante grande, pero soy pequeño ya que solo tengo 20 asientos, mis hermanos mayores tienen el doble de capacidad y otros hasta dos pisos de alto, bueno eso es muy impresionante decía el furgón, pero para mí tu ya eres muy grande y por primera vez en mucho tiempo el autobús sonrió y se sintió dichoso con su nuevo amigo.

Pasaron varios días y el autobús bajo del barco. Arriba de un gran camión iba rumbo al sur de Chile junto con cinco autos, dos furgones entre los cuales estaba su amigo el furgón blanco y tres camionetas regordetas y presumidas.

Por fin el autobús después de tanto tiempo de viaje llego a su destino, era una gran automotora donde había toda clase de vehículos, todos sonrientes y muy brillantes esperando que sus dueños vinieran a buscarlos.

Pasaron dos semanas y cuando empezaba febrero un hombre moreno de aspecto amable se acercó a él, se subió al autobús e iniciaron juntos el viaje que sería el comienzo de una gran amistad.

El pequeño autobús llego muy emocionado a una caleta de pescadores cerca de Arauco, no sabía cuál era su trabajo, se imaginaba levantándose muy temprano para poder transportar a la gente desde la caleta a la ciudad más cercana para ir a trabajar pero cuál sería su sorpresa cuando en un taller de un pueblo cercano a la caleta lo pintaron entero de blanco, el muy nervioso no comprendía nada, pero más tarde lo entendió todo cuando en sus costados se podía leer grandes letras negras que decían  COLEGIO FRANCYS. Que les parece, nuestro amiguito sería “Francys el pequeño autobús escolar” y no solo eso, sino que sería el primer autobús escolar de la zona. Qué alegría más grande sentía Francys llevaría niños desde sus casas a su colegio. Ahora sí, no solo tenía un trabajo, sino el más importante del mundo según él tendría a su cargo a todos los niños de la caleta, porque él y tío Juancho que resultó ser un profesor retirado que construyo un colegio en ese lugar para que todos los habitantes tuvieran no solo una mejor educación sino la comodidad que significa trasladarlos de sus casas al colegio que estaba instalado muy cerca de la playa.

Piedra cruz era la caleta de pescadores donde Francys de ahora en adelante vivía, lugar hermoso ubicado entre dos grandes cerros de plantaciones de pino y eucaliptus, un rio lleno de unas piedras muy especiales con una cruz negra en medio de ellas, dicen que son únicas en el mundo, por lo cual la caleta y el rio llevan ese nombre, pero eso ya es otro cuento, sigamos con la historia de Francys.

Tío Juancho y Francys se levantaron muy temprano el primer día de clases antes incluso que el sol pensara aparecer, eran muchos niños a quienes tendrían que trasladar y necesitaban tiempo para avisarles ya que para todos Francys iba a ser una sorpresa, nadie sabía que el pasaría a buscar a los niños por lo que el primer día de trabajo de Francys y el tío Juancho no fue lo fructífero que ellos esperaban. Solo dos niños de cuarto básico que caminaban somnolientos de la mano de sus madres subieron y alegres llegaron a su primer día de clases.

Cuando Francys se estacionó afuera del colegio tres furgones amarillos que llevaban algunos niños lo miraron con sorpresa y un poco de recelo no sabían que hacia un bus estacionado allí y además ocupando su estacionamiento ya que para colmo de males la calle donde se ubicaba el colegio era muy estrecha y solo había lugar para el bus.

Los pequeños pasajeros rodearon a Francys, con sus manitos lo tocaban, al principio un poco nerviosos, luego con confianza y alegría. Todos querían subir y conocer al pequeño autobús, sus asientos y manillas brillaban, es que era nuevecito y Francys estaba orgulloso de ello.

Así comenzó el año escolar de Francys. El y tío Juancho se levantaban muy temprano y recorrían cada calle de la caleta y sus alrededores recogiendo a todos los niños del colegio que se sentían felices y privilegiados, cada día eran más y el pequeño autobús se regocijaba con su suerte, era tan feliz que lo que ocurría le parecía su hermoso sueño.

Pero las cosas no serían tan fáciles como en un principio pensó, al correr los meses los problemas empezaron, los furgones amarillos estaban muy celosos del autobús, ya que día con día menos niños viajaban con ellos. Intrigaban con los padres argumentando que tío Juancho andaba a exceso de velocidad que no tenía ayudante, que lo niños podían sufrir accidentes cuando viajaban en el bus lo que ponía muy triste a Francys ya que solo quería hacer amigos para ayudar a la mayor cantidad de niños posible.

Un día que Francys esperaba tranquilamente la salida de los niños uno de los furgones amarillos paso muy cerca, lo que provocó que Francys se asustara debido que a esa hora había mucho calor y estaba un poco somnoliento recuerden que se levanta muy temprano. Bueno Francys dio un gran salto, con el ruido del furgón, como la calle era un poco estrecha le abolló un costado. Francys estaba muy asustado y preocupado por el furgón, pensaba en llevarlo con urgencia al taller, pero el problema no se resolvería tan fácilmente, otro de los furgones fue rápidamente a buscar una patrulla de carabineros la que se lo llevo detenido, los niños no pudieron viajar ese día con él, cosa que los puso muy tristes y provocó la alegría de los furgones.

Pero lo estrecho de la calle frente al colegio siguió provocando problemas. Algunos vecinos discutían lo inconveniente que el autobús se estacionara todo el día ahí, según ellos obstaculizaba el tránsito y para ellos el pobre Francys no prestaba ninguna utilidad.

Cierto día la señora Genoveva, una mujer regordeta de aspecto poco agraciado vivía al lado del colegio, salió al patio de su casa y miraba con cara de desagrado el hecho que el autobús se estacionara allí, buscaba una excusa para provocar a Francys y Tío Juancho, la señora Genoveva dijo: que pasaría Tío Juancho si en esta calle se desatara un incendio o una catástrofe peor como llegaría aquí el carro de los bomberos si su autobús ocupa toda la calle además de los ruidos molestos de todas las mañanas, este era un barrio tranquilo hasta que ustedes llegaron, ni siquiera los turistas que vienen en masa todos los veranos por el hecho de estar tan cerca del mar provocan tanto problemas como usted su colegio y ahora su autobús.

Tío Juancho con su habitual tranquilidad le contesto, no se preocupe señora Genoveva si alguna desgracia llega a ocurrir en el barrio, del que mis niños, mi autobús y yo nos sentimos parte, Francys no será un inconveniente para usted, por el contrario, siempre estaremos allí para ayudar en lo que podamos a todos nuestros vecinos.

Después de esto los ataques verbales siguieron la señora Genoveva parecía que se propuso hacerle la vida difícil a Francys, él solo hacía su trabajo.  Trasladar a los niños de sus hogares al colegio llenaba si día y le inflaba el corazón de alegría.

El año escolar pasó rápidamente sin grandes cambios, Francys se ocupaba de los niños los que cada día lo adoraban más y se hizo indispensable en la pequeña comunidad escolar.

El verano llego, Francys bajo un poco su ritmo de trabajo porque él y tío Juancho salían todas las semanas a recorrer la zona en busca de nuevos alumnos que aumentarían la matricula del colegio y ayudarían a más niños a tener un mejor futuro con una educación diferente no solo basada en conocimientos sino en valores que Francys y Tío Juancho querían inculcarles a todos los que les rodeaban.

El verano paso muy rápido, faltaba una semana para el esperado regreso a clases. El colegio junto con todo su personal preparaba con todo esmero el regreso de sus alumnos. Los profesores antiguos y otros recién contratados ponían todo su empeño en preparar las clases, el personal de aseo pintaba las paredes de las salas, había juegos infantiles en el patio chico esperando ser estrenados, había mucha vida y entusiasmo en el colegio. Todos tenían la secreta esperanza que este año fuera mejor. Si definitivamente el 2010 sería un gran año se respiraba en el aire.

Francys estaba listo para su segundo año de trabajo, venían recién saliendo del taller donde lo pintaron y pusieron cinturones de seguridad a todos los asientos, quería entregar un servicio perfecto, para que nadie tuviera ningún reparo hacia él.

El último viernes de febrero llegó, esperaba con impaciencia el fin de semana, algunos turistas aún permanecían en la playa, sus carpas se podían ver desde el colegio y Francys los miraba con curiosidad y un poco de desgano, quería con todas sus fuerzas que el verano ya se acabara.

La noche estaba extraña, tibia, completamente estrellada y una hermosa luna llena se podía ver en el cielo, era realmente una hermosa postal. Francys descansaba plácidamente cuando a eso de las tres y media de la madrugada sintió un ruido estrepitoso que envolvía todo el ambiente un segundo después el suelo empezó a moverse, cada vez más fuerte y más fuerte esto tan raro que estaba pasando no quería parar, la campana del colegio sonaba enérgicamente como indicando que algo terrible ocurría, pronto empezó a sonar la sirena de bomberos un minuto más tarde la sirena de una patrulla de carabineros sonaba  incesantemente, el pequeño autobús chocaba contra las paredes del colegio sentía que un extraño escalofrío recorría toda su estructura, se escuchaban gritos llantos de abuelos y niños. Después de tres minutos interminables todo se detuvo, un silencio sepulcral de apoderó del lugar, solo por un segundo, porque empezó a escuchar ruidos y lamentos, alguien a quien no podía ver pedía auxilio, eran sus vecinos, los del frente, los del lado del colegio, todos gritaban y pedían ayuda. Pero que pasó aquí pensaba un asustado Francys que en medio de la oscuridad no sabía qué hacer.

Mientras temblaba de miedo escucho una voz familiar que con una linterna se acercaba a él, era Tío Juancho que también un poco asustado le dijo con voz extrañamente calmada a Francys, acabas de vivir tu primer terremoto en Chile y ahora tenemos que salir a trabajar.

Tío Juancho subió rápidamente y empezó la labor de recorrer todas las calles más cercanas a la playa, mientras recogían a los niños y sus padres, calmaba a Francys mientras le explicaba que tenían pocos minutos para rescatar a la mayor cantidad de gente y llevarlos hacia el cerro más cercano, ya que lo más seguro era que un Maremoto azotara la caleta.

Mientras los pasajeros subían rápidamente, Francys deseó por primera vez en su vida ser más grande, ya que dentro de él no cabía ni un alfiler. Partieron rumbo al cerro, aunque tras ellos se escuchaba gente gritando y tratando de correr hacia los sitios más altos del lugar.

Cuando la gente que llevaba bajaba del autobús Tío Juancho tomó una decisión y se la comunicó a Francys, amigo le dijo ahora vamos a ver de qué material estamos hechos, debemos volver a Piedra Cruz, aún hay gente allá y nuestros niños nos necesitan. Francys asistió y a toda velocidad corrieron cerró abajo, mientras el mar empezaba a cubrir la playa y se acercaba peligrosamente al barrio donde se ubicaba el colegio. Con todo el valor que se necesita para realizar una acción así, este par de compañeros corrieron hacia el colegio donde un grupo de 20 personas los esperaban para ser rescatados.

Con el agua llegando casi a la puerta, Francys arremetió contra las olas para salvar a una mujer que angustiada pedía auxilio. Grande fue su sorpresa al ver que era la señora Genoveva, aquella persona que tantos problemas le causó unos meses antes, ella un poco avergonzada a pesar del peligro que corría su vida y la de los demás, no quería subir al autobús, y Tío Juancho salto desde el volante y de un fuerte tirón del brazo subió a la señora Genoveva diciéndole, olvídese de los rencores, es tiempo de perdonar.

Francys recurriendo a sus últimas fuerzas alcanzó a cruzar el puente que los separaba del camino rumbo al cerro, cuando una gran masa de agua cubría lo que hace apenas un par de horas fuera la hermosa caleta Piedra Cruz.

Cuando por fin el sol puso término a esa larga noche de verano, el pequeño autobús escolar reflexionaba con un calorcito especial en su corazón, rodeado de todos los niños que estaba destinado a salvar. Esa era su misión, pensaba, para esto hizo un viaje tan largo. De ahora en adelante Francys ya era parte importante de la comunidad. Ahora todos juntos decía para sí mismo tenemos la misión de reconstruir nuestro hogar.

Pero hay un secreto amiguitos que ahora les quiero revelar, este cuento no es un cuento, es una historia real…